Con esfuerzo, la letra entra

Últimamente nos encontramos a menudo con propuestas de contenidos de formación ligeros, muy ligeros, cada vez más ligeros, intentando dar respuesta y soluciones a la falta de tiempo y la ajetreada vida actual. Es normal, cuando el cliente siempre argumenta la falta de disponibilidad para participar en acciones de capacitación y desarrollo. Sin embargo, ¿es eficaz para el objetivo de la formación (que es la capacitación) dejarle al estudiante todo mascado? ¿Lo del esfuerzo es algo que ha pasado a la historia?

Unos investigadores de la Universidad de Princeton han realizado un estudio en el que han comprobado que el grupo que más aprendió y mejores resultados obtuvo fue el que recibió los contenidos menos legibles: Tipos de letra poco amigables, fotocopias irregulares, Power Points poco preparados… Parece que la necesidad de traducir o decodificar la información ayuda a interiorizarla con más eficacia.

¿Tienen tus planes de formación en cuenta que para aprender de verdad hay que esforzarse y sudar? Y no nos referimos al número de horas claro. Al contrario, quizás es momento de preguntarse si la aportación de conocimiento a las organizaciones es correcto valorarla mediante en número de horas de formación, o es preferible pensar en indicadores relacionados con el desempeño y la capacitación.

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